LA RUTA NIPONA: KYOTO (I) - CORAZÓN Y ESPÍRITU

Kyoto.
1,5 millones de habitantes.
17 edificios y jardines declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO.
1.600 templos budistas.
400 templos sintoístas.
3 palacios.
Docenas de jardines y museos.



Tras esta carta de presentación del corazón cultural de Japón, es imposible resistirse a los encantos de la vieja Kyoto. Milagrosamente fue salvada de los bombardeos americanos en la II GM, de hecho cuentan que era el objetivo número uno para dejar caer allí  la infame bomba atómica. Esta ciudad con sus impolutos jardines de piedra, sus templos de contornos sensuales y sus geishas cumplen todas las fantasías de todo viajero occidental en busca de los tópicos orientales.

 De todas maneras, nuestra primera sorpresa nos la llevamos nada más llegar a la estación de Kyoto, un mastodóntoco edificio futurista que contrastaba con la milenaria ciudad, una Kyoto que nos recibía ya de noche, el hotel estaba cerca de la estación, exploramos la zona y realmente no había nada que llamara la atención más allá de la estación y la célebre torre de observación situada justo enfrente.



No obstante, esta ciudad de trazado en cuadrícula, rompe con las normas de los típicos centros urbanos de Occidente, sus zonas de mayor encanto y belleza  se encuentran en la zona Norte, Este y Oeste, es allí, donde esta ciudad rodeada de espesas y verdes colinas, nos muestra sin tapujos sus tesoros y rincones fascinantes.

A la mañana siguiente empezaba nuestra ruta de dos días en la ciudad, fue cuando nos dimos cuenta de varias cosas: Dos días pueden resultar cortos para poder tomarle el pulso a tan dispersa ciudad cargada de lugares por recorrer, la otra era comprobar el micro-clima húmedo de Kyoto, con más de un 80% de humedad relativa, casi que se agradecía el cielo nublado.

Otra cosa: Si van a Kyoto, no olviden echarse repelente de insectos, háganme caso.

Comenzamos nuestra ruta en el extenso distrito de Higashiyama, quizá el más fascinante de Kioto, debería marcar el primer puesto en todo itinerario de la ciudad, está abarrotado de hermosos templos, santuarios, jardines, museos, barrios tradicionales y parques.

Vista del Ginkaku-ji o "Pabellón de plata" (Patrimonio de la Humanidad) desde una de las nuemerosas colinas que rodean la ciudad.























En la parte norte nos encontramos con el templo Ginkaku o también llamado "Pabellón de Plata", unos de los templos más visitados de la ciudad, la belleza del recinto es espectacular, uno puede comprobar in situ el cuidado y amor que emplean los nipones en cuidar su entorno natural, varias pasarelas atraviesan los jardines, se pueden ver conos de arena blanca simbolizando montañas, centenarios pinos con sus hojas cortadas a mano cuidadosamnete y estanques.



Nada es casual en el jardín del Gingaku-ji, las hojas has sido recortadas con precisión y sus ramas vendadas y viciadas con sogas para que crezcan adecuadamente, como un bonsai gigante.

























Es tan solo un aperitivo del "empacho" de naturaleza y templos que se nos avecinaba. Continuamos la ruta por el Sendero de los filósofos, un camino peatonal que discurre paralelo a un canal, bordeado de cerezos y flores, a ambos lados, casas tradicionales, pequeñas tiendas de artesanía, templos, todo un remanso de paz.

Ositos "kawaii" pescando en el canal del Sendero de los filósofos



























Siguiendo el sendero de los filósofos, nos encontramos con numerosos templos y santuarios, hacemos parada en el templo budista de Honen-in, escondido (tónica habitual en Kyoto) entre la espesura de un bosque de arces.





Estampa habitual en los templos nipones

Acceso al Honen-in























A estas alturas del viaje uno ya ni se extraña ver en cada templo a alguien barriendo la gravilla, trazando líneas rectas y cortando con precisión milimétrica las hojas de los árboles. Los japoneses son precisos y vehementes en estas tareas.

Da igual donde mires, todo es bello, bucólico, los pájaros pían, huele a incienso, se respira paz y a uno le entran ganas de introducirse de lleno en el misticismo oriental.

Seguimos el sendero y encontramos otro templo que ni siquiera sale en la guía de viajes, creo que no hace falta recordaros que la ciudad tiene más de 2000 templos, recopilar todos ellos en una guía de viajes supondría todo un arduo trabajo para las editoriales y dejaría de ser práctico para la comodidad del viajero, imaginaros cargar con el tocho de libro.

Previsor que es uno, se descargó varias aplicaciones para el móvil y guías de viaje offline.







Es justo en este punto cuando uno se da cuenta de que muchas veces es mejor dejar  la guía de viajes guardada en la mochila, guardar el móvil en el bolsillo y perderse por la zona sin más preocipaciones, el distrito de Higashiyama, requiere más de un día para ser recorrido de manera exhaustiva, lamentablemente no teníamos ese tiempo.

Recorremos la zona pausadamente, visitando templos y santuarios, es aquí donde comento la sensación de que parece que estoy recorriendo las Cruces de Mayo de mi pueblo, sólo que no hay ni ponche ni puñao.





Cartel vintage de Nikon





Llevamos más de medio día recorriendo el distrito de Higashiyama y tan sólo hemos visto la parte norte de la zona, esto es inabarcable.

Creo que empiezo a hacerme una idea de la riqueza cultural de Kyoto, y ahora aquí sentado delante del PC, un mes después, recopilando fotos y datos, me doy cuanta las cosas que no pudimos ver.

Si bien, alguien dijo "París merece una misa" yo digo: "Kyoto merece bastantes posts en LMD".

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