La antena: nos podrán quitar la voz pero no nos quitarán las palabras



Una ciudad entera se ha quedado sin voz y vive bajo un largo y crudo invierno. Un hombre malvado y sin escrúpulos, el Sr. T.V., dueño absoluto de las imágenes que animan esta ciudad y de una extensa cadena de productos bajo su sello personal, lleva adelante un siniestro plan secreto para someter eternamente a cada una de las almas que habitan este lugar. Para construir este monopolio ha financiado la creación de una peligrosa máquina que transmite hipnóticas imágenes por la pantalla del televisor para inducir al consumo compulsivo de los productos con su sello.



Pequeña joya del cine independiente argentino. Original y divertida, es una mezcla entre el cine de Tim Burton, Fritz Lang y el de Jean-Pierre Jeunet con algunas gotas de Lynch y una estética cómic a lo Sin city y Dark city muy lograda, incluso me ha recordado mucho a los anuncios del calvo de la Lotería de Navidad.

La película nos situa en una ciudad imaginaria, alegoría de un futuro en el que los seres humanos han perdido el don del habla y viven al son de un magnate de la televisión, un tirano que pretende controlar sus mentes (una metáfora muy actual del mundo de las grandes empresas de comunicación).
Tiene detalles deliciosos: la actuación de La Voz, las gafas del niño que no puede ver, la máquina de escribir, la propia antena...
Película para todos los públicos, tierna, dulce, vitalista... Entre tanta porqueria americana y nacional da gusto descubrir que allende los mares se sigue apostanto por otro tipo de cine, arriesgado pero de muchísima calidad.

La antena es una de esas pequeñas joyas que encontramos cada cuatro o cinco años,y que su efecto dura toda la vida.

Puntuación: 8

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