CRÓNICAS BALCÁNICAS: CUEVA DE POSTOJNA

Pues ya estamos de vuelta, dispuestos para desgranar poco a poco las vivencias de nuestro viaje por Eslovenia, Croacia, Bosnia e Italia. Nuestra ruta comienza en el aeropuerto Marco Polo de Venecia para recoger el Toyota Auris que nos acompañará durante 15 días. No nos detendremos hasta la frontera con Eslovenia para comprar las viñetas, unas pegatinas que son necesarias para poder circular por las modernas autopistas eslovenas.



Nuestra primera parada se encuentra a 183 Km. del caótico aeropuerto veneciano, estamos en la cueva de Postojna, una de las más grandes del mundo, con sus 20 Km. de canales subterráneos y galerías abiertas por el río Pivka. Su espectacularidad aumenta si se tiene en cuenta que data de hace dos millones de años. Es uno de esos lugares donde las fotos no hacen justicia ni de lejos a tan grandioso entorno.
























Postojna, se encuentra en Karst, una verde región que se extiende hasta la frontera con Italia, repleta de grietas, simas, cuevas y ríos subterráneos, la visita a la cueva, muy turística, se reduce a 5 Km. de los 20 que tine la cueva, buena parte de ese trayecto se realiza en un minitren subterráneo, el resto, (2 Km.) se realiza a pie.


Este último tramo andando es el que produce más asombro al visitante, pasamos por las distintas grutas bien distinguidas por zonas: La gruta del Calvario alcanzado el punto más elevado, las Bellas Grutas cruzando el llamado puente ruso, construído por prisioneros rusos en la Primera Guerra Mundial, la Galería Blanca, Galería Rosa y la Sala de Conciertos.

























 El recorrido en forma de ocho transcurre durante casi dos horas, uno solo puede más que dejarse llevar ante semejante espectáculo que la naturaleza y el paso del tiempo ha dejado como legado.

En la cueva de Postojna nos aguarda un anfitrión bastante especial, se trata de el Proteus anguinus, un bichejo único en el mundo que sólo vive en esta cueva, un pez albino que no es especialmente bello con forma de lagartija que respira por branquias y que es ciego. Lo podemos ver en un tanque de agua casi al final del recorrido, el merchandising del Proteus se extiende en forma de peluches, dedales, imanes para la nevera, etc. Incluso un vino en su honor.

Foto: slovenia.info





 Al final de la visita la cueva nos depara una segunda curiosidad: Sus paredes oscurecidas por el hollín, el hecho se debe a un incendio provocado por los partisanos en 1944, volando un tanque de combustible de los nazis escondido en la cueva.
























Al salir de la cueva, la lluvia nos recibe de forma insistente, son las 7 de la tarde y ya casi es de noche, por delante nos esperan, poco más de 50 Km. para llegar a la capital de la joven república de Eslovenia.

Próxima parada: LJUBLJANA

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