CRÓNICAS BALCÁNICAS: LAGO BLED

Posiblemente a muchos de nosotros si nos nombran Eslovenia, la primera imagen que se nos vendría a la mente sería la de un verde islote con una iglesia en el centro de un lago, rodeada de montañas, al menos esa era la imagen que yo tenía de Eslovenia. Es una de las imágenes icónicas del joven país, un bucólico y bello paisaje que sintetiza lo que intenta ofrecer Eslovenia a us visitantes. Naturaleza, historia y deportes de aventura.


























Bled es una postal, aparte de su indiscutible protagonista: El lago. Encaramado a una pared rocosa podemos ver un castillo medieval que sobresale por encima del frondoso bosque que lo protege y que en los días despejados, parece empequeñecido por las altas cumbres de los Alpes Julianos.

Destino para cualquier época del año, Bled es un visita ineludible para todo viajero, aunque quizá, su afluencia de visitantes de visitantes altere su encanto natural, pero para nada está masificado si lo comparamos con lo que nos esperaba al día siguiente.





























Un paseo rodeando el lago supone nos más de dos horas a pie, se recomiensa subir al castillo del siglo XI (el más antiguo de Eslovenia) para disfrutar de unas vistas inmejorables del entorno, el castillo hoy en día es un museo con mobiliario, armas, joyas y objetos que abarcan desde la Edad Media hasta el Barroco.

































El islote del lago ya fue utilizado en el siglo VIII  por los primeros eslavos como lugar sagrado de culto. Fue un siglo después cuando los cristianos levantaron una iglesia que con el paso del tiempo se iría ampliando al conjunto monástico que es hoy en día. Sólo se puede acceder a la pequeña isla con botes alquilados de remos o con las embarcaciones de madera (pletna) disponibles en los embarcaderos que rodean el lago. Las embarcaciones de motor están prohibidas en la zona. La visita a la isla no lleva más de media hora, realmente se admira más desde fuera que desde dentro.





Remeros esperando clientes en la Pletna







MUSEO DE LA GUERRA (TURANJ)

En realidad, la visita a Bled (60 Km. al norte de Liubliana) no lleva más de medio día, tocaba ahora cambiar de país y dirigirnos hasta Croacia, 311 Km más al sur, en concreto hasta Rastovača, puerta de entrada al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. 
Una vez cruzada la frontera croata, en Turanj, un suburbio de la industrial ciudad de Karlovac, encontramos el museo de Guerra de esta ciudad, llamado Gradski Muzej Karlovac.


A 58 km al sureste de Zagreb y en el camino hacia Plitvice, donde se inició la guerra, esta parte de Croacia sufrió una de las más duras batallas de la Guerra de la Ex-Yugoslavia y de la que Karlovac se convirtió en símbolo de resistencia croata.
































El museo al aire libre de Turanj será nuestra primera toma de contacto con la crudeza con la que se vivió la llamada Guerra de los Balcanes y posterior desintegración de Yugoslavia, una contienda que había permanecido invisible para nuestros ojos en Eslovenia, pero que a partir de ahora en nuestro viaje será una de las principales protagonistas, tan sólo han pasado 25 años desde que se vivió una de las más terribles y crueles guerras en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, el avispero de los Balcanes podría ser agitado de nuevo.




PRÓXIMA PARADA: Parque Nacional de Plitvice

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