NO TE VAYAS DE NAVARRA: VALLE DE BAZTÁN (I)

Verdes colinas, densos bosques de hayas y robles, dispersos caseríos y pintorescos pueblecitos, en el valle de Baztán, entramos plenamente para empaparnos de tan idílico lugar. Baztán es fruto de la relación existente entre la naturaleza y el hombre. La gran riqueza cultural del valle, la pervivencia de tradiciones y leyendas relacionadas con el mundo rural hacen de este un lugar único y maravilloso.


Ziga, aldea suroccidental del valle




Sin embargo, el valle de Baztán, más allá de sus leyendas plagadas de seres mitológicos (lamias, basajauns) y brujas, aparte de el "hype" por ser el escenario de trilogías literarias de gran éxito de las que no voy a hablar (por que no las he leído), aparte de todo eso, el valle de Baztán destaca por su exhuberante naturaleza y la cantidad de palacios y rústicos caseríos medievales que contiene, una prueba de las difíciles circunstancias en que vivían antaño los habitantes de este valle fronterizo. Sobretodo en la posguerra, fue testigo de la represión del régimen, escarceos con los fugados al país vecino y terreno idóneo para el contrabando.

Nuestro viaje particular comienza en el centro neurálgico del valle, Elizondo, una especie de cabecera de comarca, que en realidad no lo es, más bien es la sede de la Junta General de Baztán, institución de origen medieval que gobierna todo el valle.

El trazado urbano de Elizondo está marcado por el río Baztán/Bidasoa con las dos calles primigenias a sus orillas: Jaime Urrutia y Braulio Iriarte. 

Casa-palacio Puriosenea


 Llama poderosamente la atención las numerosas casas señoriales y palaciegas que adornan Elizondo, las preciosas balconadas de madera, las puertas, formadas por un arco y zaguán, atraen la mirada del visitante.




























Pegado a Elizondo nos encontramos con el barrio de Elbete, donde podemos destacar la curiosa iglesia de Santa Cruz junto a un viejo lavadero, muy característico de esa zona.





Dejamos atrás Elizondo, su griterío de los cahavales jugando en su Plaza Mayor, su gente paseando en día festivo, sus librerías y sus rutas temáticas dedicadas a la trilogía de El guardián invisible, para tener unas vistas inmejorables de todo el valle desde el pueblo de Ziga, no sin antes echar un vistazo al palacio Jauregia de Irurita.



Palacio Jauregia (Irurita)

Irurita

Irurita desde el mirador de Ziga




Seguimos descubriendo poco a poco el valle de Baztán, recorriendo un pequeño carreterín forestal hacia el pueblo de Orabidea, nos desviamos en un pequeño restaurante para aparcar nuestro vehículo y continuar 2 km. más por un angosto sendero hacia el Infernuko Errota.




 Detrás de tan sugerente nombre en euskera, el molino de infierno es una construcción que ha sido totalmente restaurada y está abierta al público como fiel testigo de este tipo de infraestructura tan abundante en la zona. Hasta aquí acudían los vecinos del pueblo para conseguir harina de maíz. Un lugar lleno de magia, un molino casi colgado y bañado por una persistente cascada. 




 El maravilloso recorrido hasta el molino transcurre paralelo a la regata Infernuko Erreka,a distintas alturas atravesando una zona de prados, caseríos, robles y castaños.  El  Infernuko Errota es una cita ineludible si alguna vez estáis por esta comarca, es uno de sus lugares que desprenden un halo mágico e inigualable, en cuanto a sensaciones, lo podría comparar (sin acercarse) al místico Abismo de Kanmangafuchi.







La visita a tan singular paraje ha despertado las ansias de seguir descubriendo más parajes naturales y rutas de senderismo que no estaban planificadas, pero eso será en la próxima entrega del Valle de Baztán.

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