Yo confío en Rajoy



Seamos sinceros. No hay motivos para desconfiar de nuestro presidente, un hombre que dijo querer gobernar como Camps y Matas y, de momento, va camino de conseguirlo. ¿Es eso o no es eso confianza? Por otra parte ¿Cuándo se ha visto que el Partido Popular, una formación política con mayoría absoluta, orqueste una rueda de prensa para ocultar la verdad a los españoles? Vale, en el 11-M pero, a parte de eso ¿cuándo? ¿eh? No os dejéis llevar por el ruido mediático, muchachos.  Si uno lee entrelíneas puede obtener la completa certeza de que el gallego no miente. Decidme, valientes tuiteros escondidos tras vuestos avatares ¿es o no es cierto que su dinero no declarado no aparece en ningún momento en su declaración?
Mariano Rajoy sólo dice verdades como puños. Recuerdo que, en una entrevista tras ganar las elecciones, aseguró que su programa favorito de la parrilla televisiva era Atrapa un Millón ¿Mentía entonces? Claro que no, otra cosa es que adormecidos por las ruedas de prensa soporíferas ningún periodista preguntara por aquel entonces a Bárcenas. Seguro que el ex-tesorero hubiera asegurado decantarse por “Hay una carta para ti”. Madre mía, qué chispa tengo y no son ni las ocho. Vale, rabiosos votantes, puedo admitir que a Rajoy se le acuse de cierta miopía democrática, esa que le lleva a releer una papel tres veces antes de afirmar: “Esh Falsho”. Mariano Rajoy desde 2011 poniéndole frenillo a la crisis (queridos guionistas de Génova la próxima vez que todo el argumentario del señor Brey se sustente con sólo dos palabras haced el favor de no colocarle eses. “Todo mentira” o “Ni de coña” hubieran sido frases mucho más apropiadas para la ocasión).
Lo dicho: Yo confío en Rajoy. Hay muchos motivos para hacerlo. Por ejemplo, el gallego es un hombre fiable que tiene experiencia en enfrentarse a desastres naturales o emergencias. Recordad si no aquellas ruedas de prensa del caso Prestige. Porque sois unos perroflautas y no querréis verlo pero aquellos hilos de plastilina estaban ahí, más o menos entre el géiser de petróleo y las toneladas de chapapote… pero estar, lo que se dicen estar, estaban. No me seáis fariseos y sed positivos. Mariano ha iniciado una regeneración de la clase política a todos los niveles. Hasta los periódicos deportivos deberían hablar hoy del fin de ciclo de nuestra política. Pongamos una lápida en el Congreso de los Diputados con las fechas de nacimiento y defunción serigrafiadas (Democracia Española. 1981 – Noche de los transistores el 23 F 2013 – Comparecencia de Rajoy en televisión de 50 pulgadas). C’est fini. En este tour todos iban dopados.  Ni siquiera en el grupo poursuviant los adversarios han estado a la altura. Con Ferraz cautiva y desarmada,  Rubalcaba no es la alternativa. Mientras tanto en algún lugar del planeta, Esperanza Aguirre acaricia el lomo de un gato y se enciende un pitillo.
Amigos, ¿vamos a desconfiar también de eso?  Que seamos todos por aquí muy antisistemas sólo es un motivo de más para creer en Rajoy, que ha hecho más por cargarse la Constitución que quince mil asambleas del 15M. Él hace el trabajo sucio de cargarse el hemiciclo desde dentro y encima ahora queréis que dimita, ingratos. Sabéis tanto como yo que esas palabras no aparecen en el diccionario dirigentes-vulgo vulgo-dirigentes que circula de forma clandestina por las butacas del Congreso. Si queréis que las cosas cambien, tenéis que empezar por hablarle en su lengua. Dejadme probar a mí, que respeto a Rajoy como a uno de los nuestros. Mariano, hazte un favor y privatízate.

Carlos Torres (publico.es)

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