15/6/11

Arquitecturas olvidadas (6): Bannack


Fundada en 1862, Bannack (Montana) es actualmente una asombrosa ciudad fantasma de Estados Unidos. Sus edificios, deshabitados hace muchos años, llegaron a albergar a unas 3.500 personas, que, fundamentalmente, vivían de las minas de oro. La búsqueda del oro hizo de Bannack un lugar próspero al que acudían aventureros de cualquier rincón del país con la ilusión de hacerse ricos en poco tiempo. Pero también se convirtió en un lugar muy violento en el que los conflictos solían solucionarse con tiroteos.


Los edificios y los objetos conservados en Bannack muestran cómo era la vida social y económica de una ciudad minera del siglo XIX. Se mantienen más de 50 edificios entre los que se encuentran tres hoteles, tres panaderías, tres tiendas de herrero, dos establos, dos mercados de la carne, un supermercado, un restaurante, una cervecería, una sala de billar y cuatro salones. 


La historia de Bannack está ligada a la de un sheriff legendario, Henry Plummer, que fue elegido por la población en 1863. Este joven, aunque había tenido problemas con la justicia en el pasado, logró ganarse el respeto y la aceptación de su comunidad. Sin embargo, sólo un año después de su elección fue acusado de estar al frente de una banda, “los Inocentes”, culpable de asesinar a más de 100 personas para robarles el dinero. 



Supuestos testigos, como Mary Edgerton, afirmaron que los cuerpos de las víctimas asesinadas fueron cortados en trozos que se congelaron en hielo, enterraron o quemaron. Lo impresionante es que las acusaciones no iban acompañadas de pruebas: los testigos sostenían que sus versiones eran ciertas pero que no sabían dónde podían encontrarse los restos de esas personas mutiladas.



 


Un miembro de la banda, antes de ser ahorcado, acusó al sheriff de ser el líder. Los Vigilantes de la Ciudad de Virginia, un grupo que supuestamente defendía la ley y perseguía a los forajidos, decidió que debía capturar a Plummer y a sus adjuntos, Ned Ray y Buck Stinson. A pesar de que los cuerpos de las víctimas nunca aparecieron, Plummer y los otros dos hombres fueron condenados, sin que se celebrase ningún juicio, a morir en la horca. El 10 de enero de 1864, antes de ser ejecutado, Plummer defendió una vez más su inocencia y pronunció su última frase antes de morir:  - Por favor, dadme una buena caída.

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