Un poco de chocolate



Lucas un anciano enfermo sale del hospital, su hermana María va a recogerle y juntos vuelven a su casa en un pueblecito costero del norte, al llegar descubren que Marcos, un joven que toca el acordeón ha huido de su casa y se ha instalado allí, así que ni cortos ni perezosos deciden acogerle como a un hijo.



Hasta aquí todo bien, típica historia que contrapone la soledad y la amargura de la vejez con la energía y la inexperiencia de la juventud, el aprendizaje será recíproco y estaremos ante una bonita historia de soledad acompañada y lecciones para la vida.
Bonita película agridulce, por encima de todo está un grandioso Héctor Alterio, un papel que le viene como anillo al dedo y que nos hace sentir cariño, ternura y diversión por ese hombre que vive entre sus "dos mundos". El punto de partida es poco creíble, a veces es divertida, a veces sentimental, a veces surrealista.. Quizás sobre sentimentalismo, pero consigue captar la atención del espectador hasta el final.




Quizás por ponerle una pega, es el personaje de la vecinita Bárbara Goenaga, que parece más bien una fotocopia española de Amelie Poulain.

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