Postcards from NYC (II)


Una de las imágenes más icónicas que guardaba en mi retina sobre Nueva York, proviene de la película "Érase un vez en América" de Sergio Leone. Esta instantánea, además de servir de cartel publicitario para la película, es una secuencia memorable del film, donde el puente de Manhattan asoma como una gran mole desde el fondo de la calle Washington, en Brooklyn.


...Y al fondo el Empire State Building



Esta zona ha pasado a denominarse ahora DUMBO , un acrónimo (como tanto gusta usarlos a los neoyorkinos para sus barrios) que significa Down Under the Manhattan Bridge Overpass.

Este barrio que discurre por debajo de los puentes de Manhattan y Brooklyn ha sido históricamente una zona industrial, de viejas fábricas y almacenes, su arquitectura tosca de ladrillos rojos atestiguan un pasado de arrabal y bajos fondos.



Actualmente es principalmente un barrio lleno de galerías de arte, restaurantes de moda, con artistas y jóvenes bohemios buscando espaciosos lofts para estudios y viviendas. También ha sido denominado como el nuevo SoHo neoyorkino. Por lo tanto, la especulación inmobiliaria ya ha hecho acto de presencia y lo ha convertido en una zona cara para vivir, como casi todo NY.

Tras la puesta de sol, admirando el skyline de Manhattan desde Brooklyn, cenamos en una pizzeria típica italiana que aseguraba ser la mejor de NY (otra tónica general durante el viaje) Mi primera toma de contacto con las propinas (entre el 10 y el 20%) fué chocante y las discusiones y debates que generaría durante todo el viaje.

Tocaba acercarse a Times Square para sentarse en las gradas preparadas para ello como cualquier turista que se precie, más que nada por quitarse de enmedio semejante "must". Para despejar dudas acerca de tan simbólico lugar.



Primera sorpresa: El famoso humo neoyorkino que sale de los sistemas de climatización subterráneos existen, pero les han puesto una chimenea para canalizar el vapor.


¿Que opino de Times Square? Pues no sé, me parece una soberana horterada, una oda a la publicidad agresiva, un templo del consumismo desmesurado, que no puedes dejar de mirar fascinado ante tantas pantallas LED y luces de neón. Por cierto, me compré unas Converse allí. Sucumbí al nada subliminal mensaje que me enviaban.




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