La Vereda: El Machu Picchu manchego

Con los estertores del año 2012, y con los repasos a lo mejor del año, dejé pendiente para este 2013 enseñaros virtualmente el pueblo "abandonado" de La Vereda (Guadalajara).





Situado en plena Sierra norte de Ayllón, pasando el embalse de El Vado, nos sale una escarpada y estrecha pista forestal que discurre durante 10 km. por laderas y bosques hasta llegar a tan recóndito y bello paraje al que llamé  "El pequeño Machu Picchu manchego" porque me dió la gana.

A partir de aquí, dejaré que os guíen mejor la gente de pueblosabandonados.com  y las fotografías corren de mi cuenta...



El aislamiento es lo que ha caracterizado y, al mismo tiempo, dotado de una fuerte identidad a esta comarca. En sus orígenes medievales La Vereda perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. En 1278, la cercana Villa de El Vado incorporó a Matallana  y La Vereda a su propio municipio. Afectado El Vado por la construcción del embalse del mismo nombre, hacia el año 1954 su ayuntamiento se trasladó a la aldea de La Vereda .
En el año 1972 los tres pueblos pasan a depender del Ayuntamiento de Campillo de Ranas debido a la expropiación forzosa realizada por el ya desaparecido Instituto de Conservación de la Naturaleza (ICONA), con el objetivo de reforestar la zona. En 1983 se disuelve el ICONA y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se convierte en el nuevo propietario de la aldea.

En 1976 un pequeño grupo de arquitectos de Guadalajara y Madrid, evitan que el ICONA derribe todos los edificios de La Vereda y Matallana para proseguir con la reforestación. Este mismo grupo decide crear poco después la Asociación Cultural La Vereda, a la que se otorga, en concesión libre y pública, el arrendamiento del pueblo, junto con Matallana, para proceder a la rehabilitación y reconstrucción de los edificios mejor conservados.

Desde 1977 el trabajo de la Asociación Cultural La Vereda está devolviendo la vida a la zona. Su labor se ha centrado en la recuperación de la arquitectura popular, cultivos autóctonos, fuentes, mobiliario doméstico, herramientas de labor y demás utillaje. A día de hoy, la asociación cuenta con unos 30 socios que trabajan conjuntamente en la reconstrucción y mejoras del pueblo. Cada socio tiene una casa asignada donde habita con su familia, de modo que la población total asciende a alrededor de 150 personas entre niños y adultos. La falta de electricidad y el aislamiento han hecho que todavía no haya ningún habitante permanente.

La asociación se organiza de forma democrática. Se busca el consenso mayoritario para la toma de decisiones y, en caso de desacuerdo, se recurre a la votación. Está abierta al ingreso de nuevos miembros, a los que se somete a un período de prueba y adaptación, colaborando de forma voluntaria en las actividades comunes hasta que mayoritariamente se aprueba su inserción como nuevo socio. Una vez aceptado se le asigna una casa que podrá rehabilitar con la ayuda de los demás miembros.


Después de treinta años de trabajos continuados el resultado es inmejorable. La mayoría de las edificaciones han sido rehabilitadas respetando las técnicas constructivas tradicionales hasta el mínimo detalle.
Indudablemente La Vereda es un modelo a imitar en futuros proyectos de rehabilitación de pueblos abandonados. No solo por el respeto con el que se han acometido las tareas de rehabilitación, sino también porque se ha hecho un gran esfuerzo por recuperar y evitar que caiga en el olvido gran parte del conocimiento ancestral de la comarca, relativo al uso de hierbas medicinales, técnicas constructivas, agricultura y, en general, toda una forma de vida ya desaparecida. Esta labor se ha hecho sin subvenciones ni ayudas por parte de las administraciones públicas, contando únicamente con la aportación económica, el esfuerzo y compromiso de particulares.


Muy lejos de lo que ocurre en otras regiones de España, donde las concesiones suelen hacerse por períodos que duran entre 30 y 50 años, La Asociación Cultural La Vereda está obligada a renovarla cada 10 años, con el peligro de que, al tratarse de una concesión pública, esta pase a otras manos y tengan que desprenderse del trabajo de toda una vida.

En 1988 los antiguos vecinos de La Vereda y sus descendientes formaron la Asociación Cultural Hijos de La Vereda con el objetivo de conservar las tradiciones y conseguir que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha les revierta la propiedad del pueblo, como ha ocurrido en otras zonas de España con núcleos expropiados. Veremos qué ocurre en el futuro con este hermoso pueblo.

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