De ruta por los pueblos negros: Umbralejo



Umbralejo es un pintoresco pueblecito que está situado al norte de la provincia de Guadalajara, en las estribaciones de la Sierra de Ayllón, en plena ruta de los pueblos negros y muy cerca de Valverde de los Arroyos. Es sin duda el mejor ejemplo de arquitectura negra típica de la zona que podremos encontrar, reconstruido en los últimos años y conservado con gran gusto y acierto. El pueblo esta situado en la desviación a Valverde de los Arroyos de la carretera autonómica CM 1006. El viajero ha de tener cuidado de no pasarse, ya que hay una sola indicación, no muy clara y es fácil no verla.





Este pueblo después de unos años de emigración progresiva fue abandonado definitivamente en el año 1971 al ser expropiado por ICONA, convirtiéndose en una de las víctimas de la política forestal de la época. Su recuperación tras años de abandono se debió al Plan Experimental de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados, puesto en marcha en el año 1984 por los ministerios de Educación, Agricultura y Obras Públicas, y que benefició no solo a Umbralejo sino también a las localidades de Granadilla en Cáceres y Búbal en el pirineo de Huesca. 




Esta iniciativa tenía por objeto complementar el sistema educativo mediante el acercamiento de alumnos, principalmente de zonas urbanas, al entorno rural y también la rehabilitación arquitectónica de varios tipos de construcción rural como modelo a seguir por otras iniciativas posteriores de carácter privado.

Umbralejo, escondido en un bosque de pinos silvestres y algunas encinas y melojos, posee aproximadamente unas 70 edificaciones entre casas, pajares y otras construcciones, las mismas que ya se utilizaban en el siglo XVIII, ahora perfectamente rehabilitadas como alojamientos, comedores, talleres, aulas, almacenes de herramientas y materiales, etc. La utilización de estos pueblos se realiza mediante visitas de grupos de niños o jóvenes que utilizan sus instalaciones para conocer y comprender las circunstancias del mundo rural durante periodos generalmente de una semana.





Pero el pueblo puede también ser visitado por el turista en cualquier época del año, para lo cual se ha habilitado una explanada como aparcamiento al lado de la carretera. A partir de dicho aparcamiento no pueden pasar vehículos particulares no autorizados y tras una cadena un camino rural de unos quinientos metros nos separa del pueblo.






Al llegar encontramos lo que podríamos denominar un museo arquitectónico al aire libre. Magníficamente terminado, sin lujos fuera de sitio, sin antenas de televisión, sin cables ondeando en las alturas, sin vehículos que eliminen la sensación de ser transportado a otra época en que la pizarra y la cuarcita, la tierra, los árboles y el cielo eran el único decorado. 





Forman un escenario digno de la mejor ambientación cinematográfica de cualquier siglo pasado. Pero no es un decorado: es de verdad y esta vivo. Especialmente cuando en sus talleres, aulas o comedores resuenan las voces jóvenes de una infantil población temporal que ha de venir a paraísos como este para conocer que había y puede haber otras formas de vivir diferentes a la veloz urbe sin rostro.




(Texto: ClubRural.com)

(Fotografías: sergio Ramírez)

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