El cambio de ciclo duró 25 horas



La final española en Múnich se vendió antes de lograrla y los dos grandes de la Liga BBVA se vieron, sorprendido uno y superado el otro, por el sexto de la Premier y el segundo de la Bundesliga, respectivamente. Sí, sorprendido el Barça y superado el Madrid, pues teniendo la misma resultante y siendo más equipo el Bayern que el Chelsea, nada tuvo que ver la eliminación de los azulgrana con la de los blancos, y penoso sería que el mal de ambos consolara a culés y/o madridistas.

Al ‘Mourinhismo’ seguro que lo hará, pues en la idolatrado figura del técnico portugués se encuentra el origen de ese complejo de inferioridad que tanto ha magullado la grandeza del Real Madrid. Reveladora es su imagen arrodillado durante los lanzamientos de penaltis, entregado a un Casillas a quien tanto ha puesto bajo sospecha. Dios me libre de juzgar la humildad de Mou, pero no estaría de más que de vez en cuando el luso la exhibiera de pie e, incluso, sentado delante de los micrófonos.

En su conjunto, después de ‘bipolarizar’ la Liga y acaparar el protagonismo hasta extremos que lindan con el desprecio al resto de clubes, el tropezón del Barça y la caída del Madrid se pueden interpretar como una cura de humildad colectiva, aunque, insisto, meter las dos eliminaciones en el mismo saco sería un error. De hecho, el análisis que se hace de la eliminación del Barça habría valido de haberse plantado en la final, mientras que la hipotética clasificación del Madrid en la lotería de los penaltis -lotería que siempre toca a los alemanes, por cierto- seguro que habría tapado las carencias futbolísticas y la falta de ambición de un equipo que ni ofreció todo el potencial que puede, ni tampoco apeló a la grandeza que debe.



Guardiola, que siempre juega a lo mismo, no escatimó argumentos y ambición para eliminar al Chelsea. No pudo, pero el Barça fue superior. En cambio, Mourinho racaneó en Múnich y volvió a hacerlo en el Bernabéu. El Bayern llevó durante más tiempo la iniciativa y, sobre todo, tuvo mucho mucho mejor manejo del balón. El Madrid, arrugado en su campo, dio por buena la prórroga e, incluso, los penaltis, señal inequívoca de que Mou no confiaba en las posibilidades que se le suponen al equipo que juega como local. En resumen: si el Barça hizo méritos, pero le faltó efectividad, el Madrid careció de fútbol y por tanto no se hizo merecedor de disputar la final donde, salvo sorpresa, le aguardaba la ansiada su décima Copa de Europa.

Por cierto, quienes el martes por la noche se apresuraron a hablar de “fin de ciclo” tardaron 25 horas en darse de bruces con la realidad. A la espera de que Guardiola deshoje la margarita, es evidente que el Barça necesita reajustar su juego y oxigenar su vestuario, aunque para dar por terminado un ciclo, otro lo tiene que relevar. El Madrid de Mourinho ni está preparado, ni visto lo visto lo estará. Es un ciclón, sí, pero sin visos de poder abrir un ciclo. Antes igual vemos al portugués hacer las maletas, por más que el miércoles diera a entender que no se irá. No creo que sea por ganas. Y no me refiero sólo a las suyas…

  
Enrique Marín (Sportyou.es)

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