21-N, 22-N, 23-N...



Estas elecciones, nos dejan, como conclusión final, una curiosa paradoja: en el momento en que un solo partido político acumula la mayor cantidad de poder institucional jamás acaecida en la historia “democrática” del estado español (solo comparable al poder acumulado por el PSOE en 1982), se da también el caso de ser el momento histórico en que menos capacidad real tienen las instituciones políticas del estado para ejercer dicho poder.

La mayoría absoluta del PP en el Congreso y el Senado, su dominio casi absoluto en el conjunto de las autonomías (menos Cataluña, Canarias, Andalucía -donde podría ganar el año próximo-, País Vasco y Asturias -donde gobiernan en coalición- ), su control de la práctica totalidad de las principales ciudades del estado, y su gobierno en la inmensa mayoría de las diputaciones provinciales, no le servirá de nada ante el poder de los mercados, que son ahora quienes mandan en el estado, y quienes, a través de Alemania y Francia, así como la UE, el FMI y el BCE, impondrán las políticas sociales, fiscales, laborales y económicas que el gobierno de Rajoy se verá obligado a aceptar sí o sí.

Rajoy no tendrá otra opción que aplicar las políticas que le vienen impuestas desde esos verdaderos gobernantes que ahora manejan, ya sin careta ninguna, la política española, máxime teniendo en cuenta la situación económica por la que atraviesa el estado, amenazado por un rescate que, tal y como están las cosas, podría ser anunciado incluso antes de que Mariano Rajoy asuma el poder oficialmente.




Podemos estar seguros, pues, que, pese a los gritos de ¡España, España!, y las muestras “patrióticas” de las que han hecho gala los simpatizantes del PP que celebraron en las calles la victoria de su partido, la defensa de la soberanía “nacional” española Mariano Rajoy la guardará en el baúl de los recuerdos, para entregar sin mucho problema el estado a manos de los banqueros alemanes, de los financieros estadounidenses, y de los tecnócratas internacionales. De soberanía española no va a quedar ni rastro.

Tras los acontecido en Grecia e Italia, donde gobiernos de tecnócratas no votados por nadie se han hecho ya con las riendas del estado, Rajoy debe ser consciente, y así lo será, de que los mercados no le van a permitir ni un solo paso en falso, y que solo una correcta, sumisa y servicial colaboración con ellos podría permitir que el gobierno ahora electo tuviera alguna opción de acabar la legislatura sin ser sustituido de urgencia por un gobierno de tecnócratas, como los ya existentes en Grecia o Italia. 


 Eso, claro, si es que la presión de la calle no lo tumba antes. Porque si el pueblo quiere, y nunca se puede saber si querrá de verdad o no, la presión de los mercados será un juego de niños con lo que le espera al señor Rajoy en las calles, una vez comience a aplicar las políticas que ya ha negociado con Merkel, Sarkozy, la UE, el FMI y el BCE, antes incluso de saber con seguridad que las urnas le iban a dar el poder que ahora tiene en sus manos.

Entre unas cosas y otras, si Rajoy dura más de dos años en el gobierno, ya se podrá dar por contento. Será que habrá conseguido hacer todo aquello que le piden los mercados, esto es, desmontar trozo a trozo todo el estado del bienestar español, a una vez que habrá conseguido reprimir de manera eficaz las protestas ciudadanas en las calles. Lo cual, sin duda, sería para clases trabajadoras una noticia mucho peor que su arrolladora victoria electoral de ayer noche, que no es más, en realidad, que cambiar el rostro al gobierno de los mercados, desde la derecha progresista a la ultraderecha conservadora.

 En manos del pueblo está, por supuesto, que nada de eso pase. Hoy ya es 21 de Noviembre. Ya pasó la jornada electoral. La vida sigue, la lucha sigue...
Nos vemos en las calles.

Artículo íntegro extraído de: Kaos en la Red

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