Una noche en la opera

julio 19, 2007


Hoy traigo un breve comentario sobre la opera que fui a ver ayer. Si, si, habeis leido bien, una opera, que como pensé al principio al menos me servirá para darmelas de culto y tal aunque acabe durmiendo la mitad de la obra. La obra era Madama Butterfly de Puccini que, para el que no la conozca le pongo aquí un enlace para que oiga la parte mas famosa.



Pues bien, la obra se celebró en el Palacio Real, y la verdad es que nada mas llegar ya empezaba a pensar que debería haberme echado la corbata, aunque solo fuera de estas con el nudo ya hecho y automático, porque si, la gente cuando va a la opera va y de verdad, vamos, que parece que van a asistir a una recepción palaciega del mas alto nivel: trajes de noche, zapatos elegantes, traje de chaqueta y corbata...y todo esto aunque la entrada fuese de una visibilidad reducidisisima o nula (como era mi caso).

Así comenzó la tarde, a la solana de la plaza de oriente, viendo a unas mujeres impresionantes arregladas elegantisisimamente y rodeados de un montón de gente que, al fin y al cabo, estaban pensando lo mismo que yo: "espero que si me duermo no ronque",o si no algo parecido....Cuando entramos la verdad es que me impresionó lo....impresionante del palacio (ya se, me faltan sinonimos en mi pobre vocabulario) y, como le dije a mi acompañante (que por cierto era un tio...qué triste) los escultores de alli eran cosa fina si señor. En ese momento quedé...como decirlo....extasiado, embrujado, cautivado, embelesado (mas en sinonimos.org) de las perfectas esculturas, de las curvas tan bien formadas, del estilo, la elegancia y la gracia de las azafatas que nos recibian y nos daban los folletos, especialmente una con los ojos azules, que no era azafata pero se sentaba en el patio de butacas, es decir que había pagado un pastón, vamos que ya sí que lo tenía todo....bueno, que me pierdo....como he dicho nuestras entradas eran de visibilidad...nula, para que vamos a engañarnos, lo que nos llevaba a la cuarta planta, corner izquierdo del palacio desde donde cualquier vista que se pueda tener del escenario es por error del arquitecto.

La obra se divide en tres actos con una pausa entre el primero y el segundo, en total unas tres horitas rodeado de ambiente elegante y música de verdad, mención aparte se merece el director musical Plácido Domingo, sencillamente genial.

Una cosa que da mucho fuste a esto de la opera es que en el descanso que duraba media hora aprox se servian tapas, vino y champán (que detengan a las avalanchas!!, que no era gratis): copa de champán 4€, copa de vino blanco 3€, tapa 2€, cruzarte con aznar y la botella no tiene precio...eso es, con el mismisisimo aznar y la excelentisisima botella que, también tengo que decirlo yo no los ví, pero según me contó Manu (el otro personajillo en discordia) pasé justo entre los dos en el momento en que nos echaban amablemente de un salón privado (espero que al pobre aznar no le pasara lo mismo). El caso es que cuando Manu me dijo que casi le doy un codazo a la botella yo no podía dejar de buscar alguna mesa con....eso mismo: botellas.
La verdad tengo que decirla me jodió mucho no darme cuenta de haberme cruzado con tan ilustres personajes, sinceramente esperaba que un hombre así irradiara algún tipo de halo luminoso a su alrededor que lo destacara del resto, que lo ensalzara, que indicara su presencia....pero nada, pasé a su lado y ni me enteré, ni siquiera un poco aliento a vino...será que esa noche no le tocaba conducir.

Bueno, bueno, para acabar y ya que veo que de la obra he hablado bastante poco comentaré los dos momentos que más me gustaron. Confieso que en otros estuve al borde de la ensoñación. Al principio del segundo acto donde suena la canción más famosa de la obra y el final, totalmente impresionante.


apm

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