Spotify ha muerto


Me la voy a jugar, y encima a lo grande. Sin ningún indicio objetivo, sin ninguna cifra que me permita apoyar mis argumentos, me atrevo a afirmar que Spotify ha muerto. O mejor dicho que va camino de ello, porque es obvio que el servicio aún sigue perfectamente vivo y coleando, un poco más si cabe después de su reciente alianza con Facebook. Sencillamente es algo que se huele en el ambiente.
He sido defensor de Spotify desde el primer día, y aporté mi granito de arena en su difusión cuando aún era una beta cerrada porque el servicio realmente lo merecía. Por fin alguien parecía haber encontrado ese punto en común donde se unían los intereses de la industria discográfica y del usuario medio de Internet, consiguiendo que los primeros obtuvieran una retribución económica sin que los segundos tuviéramos que pagar necesariamente por ello.

El ideal estaba ahí y durante un tiempo, más del que muchos podríamos haber soñado, pareció funcionar. Pero desde hace unos meses está quedando claro que la propuesta empieza a hacer aguas: cambios periódicos en los planes de pago que demuestran que éstos no terminan de cuajar, discográficas que constantemente se bajan del carro y más polémica que celebración en el único anuncio realmente gordo que han hecho en meses, que es la antes mencionada alianza con Facebook.


¿Quién es el culpable de que esta utopía se esté desmoronando?

En primer lugar me atrevería a decir que buena parte de la responsabilidad es nuestra, de los usuarios. Es obvio que solo un porcentaje minúsculo de nosotros hemos llegado a pagar en alguna ocasión por cuentas premium, y por mucho que diera de sí la publicidad, sin ingresos muy gordos es imposible mantener una maquinaria de este calibre. Eso por no hablar de la cantidad de triquiñuelas que han surgido para bloquear los anuncios.
A fin de cuentas Spotify no deja de ser una empresa, y por muy bonitos que fueran sus ideales en origen, no pueden permitirse perder dinero año tras año como así estaba sucediendo. La presión les obligó a recurrir a técnicas publicitarias cada vez más agresivas, y lo que fue su verdadera puntilla, establecer unas restricciones de tiempo a los usuarios básicos que no sentaron bien a nadie. En teoría, con ello se debería conseguir que más gente se pasara a los perfiles premium, y seguro que algún crecimiento experimentarían en este sentido, pero la gran mayoría prefiere marcharse antes que pagar un duro. Eso es así.
Pero tampoco vamos a decir que es todo culpa nuestra, creo yo. Quizás, si en lugar de plantear medidas de presión tan agresivas para los modelos gratuitos, la compañía sueca se hubiera preocupado de aumentar aún más el valor añadido de las cuentas premium, otro gallo les hubiera cantado. Ciertas compañías discográficas, ávidas del máximo beneficio y demasiado exigentes para lo que Spotify podía resistir, también han sido una clavo más en la tapa de un ataúd que ya me estoy atreviendo a cerrar.




 ¿Aún hay tiempo para recuperar la situación?

Sí, sin duda, pero los creadores de Spotify empiezan a ir contrarreloj en lo que a confianza de sus usuarios se refiere. Creedme si os digo que yo sería el primer encantado en tener que tragarme mis palabras, rectificando en un futuro las agoreras predicciones que realizo en este artículo, pero para ello hace falta un cambio en la empresa que no parece estar en el horizonte. En esencia, han de conseguir que la experiencia de usar Spotify vuelva a ser grata y sencilla.
Por ejemplo, sé que va a ser imposible que echen para atrás su decisión de exigir cuenta de Facebook para los recién llegados, una de las medidas que habrán tenido que aceptar para forjar una alianza que busca dar el empujón definitivo a su entrada en el mercado norteamericano. Pero aún se puede recuperar al sector de usuarios gratuitos desencantados reduciendo firmemente (no de manera temporal como se ha hecho) las limitaciones, y buscando mejorar sus vías de rentabilidad, como por ejemplo optimizando más la forma en que se emite una publicidad que se olvida de una regla básica: apuntar al cliente objetivo para no estar tirando el dinero de los anunciantes.
Y si finalmente acabo acertando, y esta desagradable sensación de fin de ciclo que se masca acaba confirmándose, nadie podrá negar que Spotify ha sido una propuesta tremendamente valiente y con más aciertos que errores, pues de otra forma no habría conseguido llegar tan alto durante tanto tiempo. La idea es buena pero no perfecta, y creo que el futuro de la industria musical debe pasar por propuestas similares, al menos en los años inmediatos.


Artículo íntegro extraído de: Hipersónica.com

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