Hollywood(land)

Pocas imágenes habrá que se hayan repetido tanto, en cine, televisión o mil y un soportes publicitarios, que las protagonizadas por cierta colina de la ciudad de Los Ángeles sobre la que aparecen grandes letras metálicas formando una palabra mágica. Sí, porque Hollywood, donde nacen los sueños del cine americano como tantas veces nos recuerdan, es conocido precisamente por eso, por ser hogar de una poderosa industria cinematográfica y por su cartelito.


Si he decidido mentar hoy estas letras gigantes de casi catorce metros de alto pintadas de límpido blanco ha sido por una chispa mental repentina. Ayer crucé por delante de una televisión, sin fijarme mucho en qué imágenes estaban brillando en su pantalla cuando, de pronto, se iluminó en mi memoria una imagen singular. El aparato mostraba algunas de las últimas secuencias de la película Rocketeer, precisamente cuando cierta porción del gigantesco juego de letras desaparecía bajo el fuego. Así, Hollywoodland pasó a convertirse simplemente en Hollywood, perdiendo las cuatro últimas letras. Recordé haber visto lo mismo en muchas otras películas, todas ellas ambientadas en tiempos anteriores a la Segunda Guerra Mundial así que, ¿el gran letrero era antes así? En mi ignorancia del asunto, he buscado un poco y, ciertamente, hace mucho tiempo en el cartel se leía HOLLYWOODLAND.

En nuestros días habrá pocas personas que no hayan contemplado esta estampa, escenario para películas, suicidios, promociones de todo tipo y fotografías para turistas, con las colinas de Mount Lee de fondo. Con el paso del tiempo las monumentales letras han sido renovadas, pintadas, vueltas a pintar, siendo mantenidas en la mejor situación posible, a fin de cuentas se han convertido en uno de los más famosos símbolos de los Estados Unidos. Lo que puede cualquiera contemplar si viaja allí actualmente no diferirá mucho de esta estampa.

Pero, ¿qué vista se hubiera podido disfrutar de poder viajar al mismo lugar pero a principios de los años veinte del siglo pasado? La siguiente fotografía nos lo muestra.



El cartel nació en 1923 como reclamo publicitario temporal ideado para atraer compradores de inmuebles en una nueva urbanización de las colinas de Hollywood. Los promotores urbanísticos pensaron que Hollywoodland podría ser un nombre ideal para vender chalets y si, además, se acompañaba la promoción de un símbolo sin igual, el atractivo del lugar sería irresistible. Iluminado de noche por cerca de 4.000 bombillas, el cartel original llamaba la atención desde la lejanía, ¡compre una casa en este paraíso! parecía gritar. Al principio llamó mucho la atención, y hasta hubo quien lo encontró de dudoso gusto, pero lo que nació como simple anuncio temporal fue adquiriendo categoría de símbolo hasta volverse permanente, no por ello inmune al vandalismo pues ha sufrido todo tipo de ataques. En 1940, por ejemplo, la letra “H” desapareció al chocar contra ella un automóvil. Otras letras fueron perdiendo color y forma con el paso del tiempo, hasta que la ciudad de Los Ángeles se hizo cargo del símbolo, eso sí, con la condición de eliminar las últimas cuatro letras, el “land” propio de la promoción inmobiliaria, para quedar únicamente el nombre del distritito, Hollywood.

Desde entonces, se ha convertido en objetivo de deseos y frustraciones, como el que llevó al suicidio en 1932, cuando todavía aparecía el símbolo con su “land” final, a la actriz Peg Entwistle. La chica saltó desde lo alto de la letra H, aprovechando para subir a ella una escalera de mantenimiento durante una trágica noche. Cuentan las crónicas que, tras su éxito en los teatros de Nueva York, Peg decidió hacer carrera en el cine. Por eso viajó a Hollywood, pero allí ignoraron su presencia y apenas pudo participar en papeles menores. La decepción llevó a la joven a saltar desde lo más alto del cartel precisamente cuando, sin saberlo, se le iba a ofrecer una oportunidad como protagonista de una obra en la que interpretaría a una mujer desesperada con tendencias suicidas.

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