13/10/15

LA RUTA ESCANDINAVA: ESTOCOLMO (IV)



Otro museo imprescindible para no perderse en nuestra estancia holmiense, es sin duda el Vasa Museum, una apasionante visita que gira en torno a este enorme buque.





El orgulloso barco del rey Gustavo Adolfo, debía desempeñar un papel importante en la flota sueca, sin embargo, el destino tenía otros planes: El Vasa se hundió en el puerto de Estocolmo en su viaje inaugural, el 10 de Agosto de 1628. Tuvieron que pasar 333 años para que fuese rescatado del fondo del lago Mälaren, en 1968.

El barco, tras diversas fases de restauración, conserva su estructura original en su 98% y permanece como estrella indiscutible, en el imponente museo dedicado expresamente a este bello mastodonte de la época. Un viaje minucioso e interactivo que nos retrata la sociedad sueca de de principios del siglo XVII.





Lamentablemente, la luminosidad del museo es más bien escasa para proteger la madera del barco y no llevaba trípode encima, las fotografías no hacen justicia a la belleza del barco. Una obra maestra de la talla en madera, el sueño húmedo de todo artesano ebanista...
























No menos interesante, es la visita a la residencia real y los parques reales de Drottningholm, en las afueras de Estocolmo. El Real Dominio de Drottningholm, así es su nombre correcto, según la UNESCO,que declaró todo el conjunto como Patrimonio de la Humanidad.





Se compone del palacio principal,que aún sirve de residencia durante temporadas para la actual familia real, de cuyos nombres, ahora no me acuerdo. El edificio es de inspiración renacentista en su arquitectura exterior y muy barroco, barroquísimo en su interior. Todo un contrapunto a la actual tendencia minimalista de la que, casualmente los diseñadores suecos tienen buena parte de culpa...





















No menos barrocos son sus extensos y enormes jardines geométricos, de clara inspiración versallesca, un largo y tranquilo paseo por sus dominios te evocan a tiempos pasados, donde estos paseos, servían para debatir y conspirar sobre asuntos de Estado.








Este largo paseo nos lleva hasta Kina Slott, un pabellón chino, encargado por el rey Adolfo Federico como regalo de cumpleaños sorpresa a su esposa y reina Lovisa Ulrika en 1753. 
Fue un caprichito de nada, de hecho, tan sólo es, según los expertos historiadores del Arte, uno de los mejores interiores rococós de Europa.







































































Tras encontrarnos en los dominios de Drottningholm con la "típica" boda etíope, volvemos sobre nuestros pasos, y regresamos en barco a Estocolmo para dirigirnos de nuevo a la isla de Södermalm.






Es hora, de disfrutar y descubrir nuevos rincones de este singular barrio, subiendo por el vetusto ascensor Katarinahissen, para salvar los 38 m. de desnivel, nos adentramos en la parte más antigua del barrio,seguimos por el sendero Fjällgatan para disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad. Dicen que es el mejor mirador para disfrutar de la capital sueca.


















































La tarde se apaga sobre las islas de Estocolmo, nos queda un día en la capital sueca, hemos dejado para la última jornada su bello casco antiguo: Gamla Stan nos esperaba.






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