Retomando el tema del 2 de Mayo...



Muchas veces me he preguntado si recordaríamos el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas francesas de hace doscientos años si no hubiésemos tenido a Goya para resumir en un par de lienzos aquel suceso histórico. El 2 de Mayo es realmente popular en nuestra nación, todavía, y eso que tuvo lugar en la muy denostada capital en esa periferia que quiere ser más a costa de que en conjunto seamos menos. La batalla de Bailén, que tuvo lugar meses más tarde y donde el ejército napoleónico sufrió su primera derrota en campo abierto, no es tan conocida como el 2 de Mayo, y es que el general Castaños no tuvo un cronista de la talla del pintor aragonés.



En los últimos meses, con Arturo Pérez-Reverte al frente, se han publicado numerosos textos referentes al 2 de Mayo. Telemadrid, incluso, ha estrenado serie televisiva, la peor de la historia de España. Y, en general, lo que vienen a decir dichos textos es que aquello tampoco fue para tanto, tan sólo un mero levantamiento popular en contra de un enemigo extranjero. Nada tan emotivo o heroico como para recuperar el ya extinto sentido patriótico. Quieren hacer “historia” y empequeñecer aquella pequeña revuelta de unos cuantos desarrapados contra el entonces más poderoso ejército del mundo.
A mí, sin embargo, me sigue emocionando —quizás porque, como hijo de mi generación, ya que no consigo sentirme patriota en el presente lo hago en el pasado— pensar que unos cuantos habitantes del más grande pueblo manchego decidieran hacer frente, con navajas y palos, a unos soldados armados hasta los dientes; que Daoíz y Velarde se rebelaran y dieran armas al pueblo; que se luchara aunque de antemano se sabía la batalla perdida, utópica; que se fusilara a unos cuantos cientos de rebeldes aun cuando eso tampoco podía servir de nada. Comenzó así la guerra de Independencia que, junto a Rusia, iba a ser el principio del fin de Napoleón Bonaparte, un monstruo que aún conserva su aura de leyenda, y no precisamente por el Código Civil que cambió el futuro de la Europa continental.
Hoy hace doscientos años que unos cuantos madrileños plantaron cara al enemigo invasor. Bien es cierto que Carlos IV y Fernando VII nunca se merecieron tal gesto. Pero tiene algo de muy español la inútil rebelión, breve y pasajera, para defender a un indeseable. La gente de Madrid, en 1808, por fin entró en la historia de España y, en los días sucesivos, el resto de la nación española se rebeló contra los franceses, dejando en todos lados muestras de una heroicidad sin parangón en el resto del mundo. El español es cainita, pero cuando le tocan las narices al hermano, es tozudo, temerario, quizás hasta quijotesco.
El 2 de mayo Madrid se levantó contra el invasor francés. Como Don Quijote ante los molinos, se dio una costalada contra las aspas del gigante invencible. Y Madrid despertó a la historia. A partir de ahí, el pueblo de Madrid se manifestó en multitud de ocasiones contra la injusticia, o no: celebró con la misma vehemencia el levantamiento de Riego y su posterior ejecución; durante el reinado de Isabel II participó en cada una de las asonadas militares que ralentizaron nuestro progreso durante el XIX y parte del XX; protestó contra la expulsión de Emilio Castelar de su cátedra en la noche de San Daniel de 1866; celebró la Gloriosa, la llegada de Amadeo de Saboya, la instauración de la I República, el retorno de Alfonso XII; lloró la marcha de Isabel II, el asesinato de Prim, el golpe de Pavía; celebró la boda de Alfonso XIII y lloró el atentado terrorista en plena calle Mayor; celebró igualmente la llegada de la II República como el día de la Victoria de 1939; asistió en masa al funeral de Francisco Franco y disfrutó de la boda del Príncipe Felipe; levantó sus manos blancas al cielo cuando lo de Miguel Ángel Blanco...

Sí, Madrid, junto a Barcelona, ha sido la gran protagonista de la historia española en los últimos dos siglos. Y fue después de aquel levantamiento que tuvo tanto de heroico, tanto de espontáneo, tanto de estúpido. Y aquello fue una proeza a la española, es decir, una embestida ciega contra un muro de carga de El Escorial. Pero así somos los españoles.
Después del 2 de Mayo, repito, España inició su —¿aún hoy inconclusa?— Guerra de Independencia. Quizás no fue calculada ni planeada y las Cortes de Cádiz tuvieron tanto de oportunistas como de libertadoras. Pero el caso es que, por primera vez, se comenzó a concebir una España no sometida a los poderes fácticos de la carcundia. Por una vez, España estuvo unida casi por completo. El enemigo común, más si éste es el gabacho, es de las pocas cosas que consigue unir los muy diversos temperamentos del pueblo español.



Después de la Guerra de Independencia, España se fragmentó en varios trozos que aún hoy andan desunidos. Pero como dice un personaje de Galdós en su episodio El 19 de marzo y el 2 de mayo: “¿Vosotros sabéis lo que es España? Pues es nuestra tierra, nuestros hijos, los sepulcros de nuestros padres, nuestras casas, nuestros reyes, nuestros ejércitos, nuestra riqueza, nuestra historia, nuestra grandeza, nuestro nombre...”. Galdós, que conoció a muchos protagonistas de aquella guerra, sabía lo que escribía. Pero, como Cervantes, Quevedo, Góngora y otro muchos, nunca vivió en una nación a su altura.

Articulo de Daniel Martín ( publicado en www.estrelladigital.es )
Nota: Las ilustraciones se han incluido por separado.

(Campillo)

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