CRÓNICAS DEL VÉNETO: VENECIA, INHÓSPITA BELLEZA

Lo mejor que te puede pasar cuando visitas un lugar con tan pocas expectativas, es que al final te termine hasta gustando, esto en cierto modo me pasó con Venecia, una ciudad que a pesar de su asedio continuo de un turismo agresivo y desmedido, que incluso pone en peligro su caché de ciudad Patrimonio de la Humanidad, es inevitable caer rendido ante su majestuosidad.

Venecia estaba marcada ahí, sin demasiado entusiasmo como el punto de entrada y salida a nuestra ruta balcánica, pero no podíamos dejar de lado una ciudad tan célebre por visitar. Bienvenidos a uno de los parques temáticos más grandes del mundo. Una ciudad que muere de éxito.

Las pancartas reivindicativas de los vecinos son constantes en todo el casco antiguo


Uno de los numerosos "Campos" que tiene Venecia



Realmente poco puedo añadir sobre una ciudad que ha servido de inspiración para escritores, poetas, pintores, músicos y cineastas que no se haya dicho ya. Lo primero que hay que resaltar y que me sorprendió, porque no me lo esperaba, es lo inabarcable que es Venecia, su extensión es realmente grande, de hecho, nos encontramos ante el Casco histórico medieval más grande de Europa, lo cual es decir ya mucho, precisamente el viejo continente, no anda corto precisamente de cascos medievales.


La mensajería y repartos diarios se tiene que adaptar a la orografía veneciana





Las hordas sobre el emblemático y sobrevalorado puente de Rialto

Desde la estación de Santa Lucía donde nos adentramos en el imposible y confuso entramado de callejuelas y canales hasta la Plaza de San Marcos en la otra punta de Venecia puede recorrerse sin parar en unos 30 min. Lo digo, porque es la mejor opción para recorrer la ciudad, mi consejo: Olvídense de vaporettos de precios abusivos y paseos en góndola horteras a 70 Euros por barba. Aunque yo no soy nadie para decir lo que tienen que hacer.

Déjense llevar por las curiosas denominaciones de sus viales; Aquí a diferencia de toda Italia, las calles no se llaman vías sino calles, las fondamentas son las que discurren paralelas a un canal, las calles más antiguas se llaman salizadas, los callejones se llaman ramo y si son sin salida se les llama corte, las calles que transcurren entre tiendas se llaman ruga y las plazas (excepto la de San Marcos) se llaman Campo.

En esta ocasión si puedo decir que Venecia es un jodido laberinto donde es fácil y se agradece perderse, no obstante todas las callejuelas están señalizadas a tres puntos de la ciudad como referencia: Estación de Santa Lucía (Norte), Puente de Rialto (Centro) y Plaza San Marcos (Sur). 



El gran Canal divide serpenteante la ciudad en dos grandes bloques


Gran Canal, la calle más bonita del mundo, según afirmó un poeta, para variar...

Basílica de Santa María della Salute

Chiesa de San Giorgio Maggiore desde la Plaza de San Marcos

Campanile de San Marco donde tantas veces he escalado con el personaje de Assasin´s Creed.

Detalle de la basílica bizantina de San Marcos, donde colas kilométricas de turistas aguardan pacientes a entrar



Palacio Ducal

El pilar del león alado de bronce, símbolo de la ciudad


el sórdido Puente de los Suspiros


En la parte Sur de Venecia nos encontramos ante la icónica Plaza se San Marcos, inmensamente extensa, y aún así petada de gente, después de ver la impresionante cola para acceder a la Basílica optamos por una larga visita  al Palacio Ducal donde con una entrada combinada puedes acceder por el Puente de los Suspiros al Castigo del Piombi, antigua y lúgubre cárcel llena de pasadizos húmedos y oscuros donde se encerraban a los convictos en el siglo XVI. Por 3 euros más te dan acceso al llamado Itinerario Secreto. Muy recomendable.












Pozzis: Celdas del Piombi

Detalle del Puente de los Suspiros




 Los Tetrarcas, famosa escultura expoliada a los turcos y que perdió un pie en el robo.







El arte urbano y la denuncia social no faltan en los distintos rincones de la ciudad





Santa María della Salute desde el Puente de la Academia

Barrio de Dorsoduro, en la parte suroeste, más tranquilo y alejado del bullicio




Guy Fawkes VS. Máscara de la Peste Negra




Nuestra visita a Venecia termina en la parte norte, cerca de la estación, nos adentramos en el gueto, el antiguo barrio judío de la ciudad, para ello tenemos que cruzar el Puente de Canareggio y seguir por la fondamenta, para llegar al corazón del gueto se debe girar a la derecha por el callejón del Forno.






La fisionomía arquitectónica cambia en este barrio donde hemos dejado atrás los ruidosos aledaños de la estación, aquí impera una atmósfera más sosegada. Su centro neurálgico es el Campo de Ghetto Novo.



Canale Di Canareggio, posiblemente el canal más silencioso de la ciudad









Y poco más que añadir, así transcurre una jornada entera y una visita algo fugaz sobre la inhóspita ciudad de Venecia, una ciudad que al menos habría que visitar una vez en la vida, donde para sus habitantes se hace difícil vivir el día a día por lo incómodo de su diseño urbano y por su asedio continuo de visitantes, por su nivel de vida caro y por las mafias del turismo. Una ciudad plagada de historia, arte y cultura, que más que asociarla al romanticismo por lo que es famosa es más sórdida de lo que parece, por su pasado y por su presente.


PRÓXIMA PARADA: CASTELFRANCO Y CITTADELLA (Fin de trayecto)

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