50 años de "Nouvelle vague"



Cincuenta años después del triunfo de Los cuatrocientos golpes de François Truffaut en el Festival de Cannes, la Nouvelle Vague sigue siendo objeto de culto en Francia, donde perdura una "cierta tendencia" a reproducir los códigos del cine de autor forjados por ese movimiento.

Fué la periodista Françoise Giroud quien acuñó el término Nouvelle Vague en el año 1957. Con él quiso referirse al cambio de actitud de gran parte de la juventud francesa entorno a la cultura y la sociedad de su tiempo. Poco a poco se expandían los deseos de una libertad realista, consciente del aislamiento del ser humano e impregnada del hastío de la posguerra. Algunos escritores de la revista Cahiers du cinéma compartían esos sentimientos, así como una pasión desmedida por las películas de Hitchcock, Ford o Hawks. Deseosos de transmitir sus experiencias personales cámara en ristre, aprovecharon los bajos costes de producción para rodar sus propias historias. Entre ellos: Jean-Luc Godard, Alain Resnais, François Truffaut y Claude Chabrol.

[Al final de la escapada]


Esta nueva ola de directores apostó por una forma de hacer cine basada, en parte, en el Neorrealismo italiano. Quisieron tratar cuestiones morales revolucionando el discurso fílmico: dotaban a la cámara de mayor libertad para captar la realidad, jugaban con la iluminación y las técnicas de montaje, con actores jóvenes y desconocidos, sin descartar la improvisación. Un estilo que, paradójicamente, chocaba con el de los directores a quienes idolatraban: Hitchcock, Ford y Hawks jamás hicieron ascos al éxito comercial. Una contradicción que suele ser el primer argumento de quienes desprecian la Nouvelle Vague. El segundo (y no hablo en primera persona) es que aburre a las ovejas.

[Jean Seberg, musa e icono de la nouvelle vague]

En un artículo publicado por el periódico Le Monde Diplomatique en febrero pasado y titulado "¿Tenemos derecho a criticar a la Nouvelle Vague?", el escritor Philippe Person denuncia la "trampa" en la que cayó "una larga lista" de cineastas.

[François Truffaut]

Al privilegiar "hasta la paradoja la inexperiencia profesional y el narcisismo autobiográfico", esos cineastas "desconcertaron al público popular, tornándolo definitivamente reacio al cine de autor, considerado sinónimo de aburrimiento".

Fuente: (AFP)

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