CANOA

San Miguel Canoa (México)
Sábado, 14 de Septiembre de 1968




De acuerdo con versiones periodísticas de aquella época,  varios trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla fracasaron en su intento de subir al cerro La Malinche debido al mal tiempo, y buscaron posada en el pueblo de San Miguel Canoa porque ya no había transporte para regresar a la ciudad. El campesino Lucas García fue el único que les ofreció su casa, y le costó la vida.

Cuando los malogrados excursionistas de fin de semana ya estaban alojados, sonaron las campanas del templo y por un micrófono alguien informó que un grupo de comunistas se encontraba en el lugar para alterar el orden y hasta se proponían izar una bandera rojinegra en la propia iglesia

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Con armas blancas y de fuego, unos dos mil habitantes de Canoa marcharon a la casa de Lucas García para exigir la entrega de los desconocidos, y rechazaron las explicaciones del campesino a quien sacrificaron a machetazos para luego quitar la vida o herir a varios de sus acogidos. “Los cuerpos quedaron destrozados y no era posible reconocerlos”, relató el corresponsal de Excélsior, cuya nota se publicó al día siguiente de los hechos.





Según la versión tardía pero más completa de El Heraldo de México, los otros muertos fueron Ramón Gutiérrez y Jesús Carrillo, empleados de la UAP, así como Odilón Sánchez Islas, empleado de las instalaciones olímpicas, quien había llegado del DF a Puebla para unirse con sus amigos en esa fatal excursión.


“Milagrosamente escaparon con vida -dice la nota- Julián González Báez, Alberto Rojano Aguirre, Pascual Romero Pérez y Miguel Flores Cruz, este último fingiéndose muerto después de recibir un machetazo en la cabeza, y se le internó en el Hospital Guadalupe” de la capital poblana.


Pronto fueron identificadas por la Policía Judicial de Puebla “las personas que a través del aparato de sonido (…) azuzaron a los moradores del pueblo a linchar al grupo que, según ellos, se componía de estudiantes universitarios comunistas”, informó posteriormente El Día, que dio los nombres de Pánfilo Cepeda, Sebastián Manzano, Aurelio Cepeda, Miguel Monarca, Andrea Arce y Sebastián Cepeda como “los principales instigadores del linchamiento”.



Felipe Cazals, prolífico director mexicano, rodó en 1975, una película que relata de manera fiel los hechos acaecidos esa noche para denunciar una realidad que se silenció por la maquinaria del poder gubernamental, eclesiástico y de la prensa afín, una barbarie medieval donde realmente no se llegó a hacer justicia.





Canoa es una película cruda, aséptica que nos relata los hechos casi de manera documental, con un narrador que aparece hablándole a la cámara varias veces durante el metraje para advertir y poner al espectador en situación de como un pueblo campesino y analfabeto fué manipulado y azuzado por el cura Enrique Meza Pérez, quien en plena efervescencia anticomunista de la década de los 60, inventó un complot contra seis excursionistas, empleados de la Universidad Autónoma de Puebla, que termina con el linchamiento de cuatro de ellos y del campesino que los hospedó. El cura acusó a los universitarios de ser “comunistas” y de que quemarían las cosechas y violarían a las mujeres del pueblo. 


La excelente película de Cazals, después de 28 años sigue aún vigente, y es un claro ejemplo de cómo las religiones se aprovechan de la ignorancia de la personas para crear seres manipulables, fanáticos a los que controlar a su antojo.


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