Física o Química: Apocalipsis now!

(Artículo íntegro extraído de la web: jeneasispop.com)

Porque este año no ha habido Summercase en Madrid, que si no, habrías pasado montado en el Metro Ligero al lado del plató en el que se graba ‘Física o química’ y posiblemente no te habrías dado ni cuenta. ¿Que no tienes tú otra cosa que hacer que pensar en tontadas para niñatas adolescentes? Ya, pues el último capítulo emitido lo siguieron tres millones de personas. Tres millones. No hay tantos adolescentes en España. Adultos con complejo de Peter Pan puede, pero quinceañeros, imposible. Así que no hay razón para avergonzarse al confesar la adicción a una serie en la que sus protagonistas donan semen, conducen, se quedan embarazados, fuman porros en los servicios, se intentan suicidar, programan mundos virtuales que ríete tú de los Sims, trabajan en páginas porno, follan en los servicios del colegio y montan fiestas petting pero, mira qué cosas, siguen necesitando de un permiso paterno firmado para salir de excursión con el instituto. Un mundo, ya veis que real como la vida misma, que pudimos visitar con motivo de la presentación de la cuarta temporada con la intención, o algo así, de averiguar qué escuchan sus protagonistas.




Antes de nada, para aquellos que habéis soñado alguna vez con visitar el plató de vuestra serie favorita, os explico un poco cómo va la cosa. Lo primero que se necesita es un mapa, ya que todos los estudios suelen estar a las afueras de la ciudad camuflados en polígonos imposibles y rodeados de naves con talleres de coches, almacenes de maquinaria pesada y negocios del estilo. Un lío. Claro que si se trata de una serie con fenómeno fan como ésta no hay pérdida posible, puesto que siempre hay unas niñas como recién salidas del colegio privado esperando con sus cámaras digitales en la puerta. Al entrar en el plató, y después de localizar las bebidas y el canapeo que engullirás una vez terminado tu trabajo, lo primero que llama la atención es el olor a madera y mueble nuevo. Vamos, que aquello es como estar en Ikea pero sin poder llevarte nada, que los de raccord te matan.
Por allí pululan los actores haciéndose los despistados, y tras una rueda de prensa que te cuenta lo mismo que un dossier que ya has recibido, comienza la merienda de negros que consiste en acoplarte a cualquier corrillo con el personaje en cuestión e intentar sacar algo divertido entre preguntas tipo “¿qué es lo que más o menos te gusta de tu personaje”, ¿cuál es tu tipo de chica ideal?” o “¿cómo es ‘X’ en la intimidad?”. Que esto es otro misterio en las presentaciones de series de televisión en España: los periodistas siempre son muchas chicas, un señor de bigote y Carmen Hornillos. Cuando te aburres haces tiempo paseando por los decorados y cotilleando los armarios, como en cualquier Casa Real, y te vas con una servilleta arrugada en el bolsillo, serrín en la ropa y algún trozo de cinta adhesiva pegada a la suela del zapato.

Ya digo que esto suele ser así, pero no siempre. Y es que en la presentación esta semana de ‘Física o Química’, para empezar, no nos dejaron entrar a nadie en el plató. Se conoce que estaban grabando algo relacionado con una trama importante para el final de esta temporada y querían guardar el secreto, aunque esto es sólo una suposición. Así que todos los medios tuvimos que quedarnos esperando en un barracón a que los actores fueran terminando su trabajo para pasar por caja. Fue el momento para cotillear la entrada al plató, con un sillón algo viejo y extraños recortes de periódico relacionados con el golf pegados en la puerta, la sala de maquillaje llena de fotos firmadas por los protagonistas, un puñado de guiones acabados de capítulos atrasados… ¿Espera? ¿Guiones? Los miramos así por encima, pero no sacamos nada en claro. Una hoja de producción del capítulo que rodaban ese día, el 42, sí que nos destripó bastante sobre el futuro de un personaje cuyo actor no creemos que esté a la altura interpretativa, para una trama que a gente como Gillian Anderson o Katherine Heigl les valió los aplausos de la crítica en sus respectivas series. Y el que quiera que investigue.

Y entonces aparecen los muchachos, todos con chándal, en dirección al camerino para cambiarse. Casi todos fuman un cigarro y comen 3D de Matutano. Te hacen sentir viejo y duque de Feria a partes iguales. Como son tantos, los dividen en parejas para que los entrevistemos. Andrea Duro, la Yoli, dice que quiere ser la nueva Penélope Cruz y que quiere acabar pronto porque está como con gripe. Mientras, Adrián Rodríguez, el único que cambia el chándal del personaje por uno propio del Real Madrid rematado, como buen macarrilla que es, con cazadora de cuero, grita sin darse cuenta de que está siendo escuchado que “Por favor que no me pregunten tonterías”. DVD se cree Dustin Hoffman y lo único que tiene de él es la altura. En ese momento empiezas a cuestionarte si llamarles actores, puesto que por lo que se ve todos hacen un poco de sí mismos. Por ejemplo, Javier Calvo (Fer) se pasa la tarde mirándose al espejo preguntando que “dónde va a salir esto” y obligando a todos los cámaras a que le enseñen las fotos y los vídeos que han tomado por si no le gusta lo que ve y repetirlo. Dice que no es gay ni estrella, pero desde luego se comporta como tal. Los más nuevos, el evangelista y la loca de Alma, parecen perdidos e intentan ser simpáticos con todo el que se cruzan, aunque no superan en simpatía a Maxi Iglesias (Cabano), que te lo esperas un niñato creído y resulta ser, junto a Gonzalo Ramos (Julio) el más accesible y normal de todos. Imaginad que tenéis 18 años y que sois estrellas de la televisión. Pues eso.

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