El placer del vino

Con este artículo solo pretendo daros a conocer mi corta experiencia en este tema, que para mi ha sido un gran descubrimiento: El Vino.

Hoy quiero hablaros de cómo descubrir y apreciar un buen vino y del placer que eso puede suponer.


El no saborear una buena copa de vino en una comida, es un pecado. Por eso es importante el saber apreciar un buen vino. En muchas ocasiones resulta difícil reconocer un buen vino de uno que no lo es. Seguramente a muchos de nosotros, en algún momento nos habrá ocurrido, que en una comida nos den catar un vino y no sepamos que decir o que hacer. Por ello os quiero explicar como saber catar un vino, con sencillas palabras, con el fin de que cuando surja esa posibilidad, al menos sepamos como realizar esa prueba.

Para apreciar un buen vino hay que tener en cuenta cuatro “sensaciones” o sentidos que hay que valorar en un vino:

-El Olfato: analizar su aroma por la nariz antes y después de mover la copa y estudiar el aroma en boca.
-El Gusto: un buen vino debe armonizar los sabores, que pueden ser varios en un solo vino, dulce, salado, ácido, amargo, etc, y que persista en la boca un tiempo.
-La vista: el aspecto visual y su apariencia pueden ayudarnos a conocer su madurez, limpieza, densidad, etc..
-El Tacto: valoramos los conceptos de temperatura y textura una vez puesto el vino en la boca.


¿Y como podemos valorar estos conceptos?. Es conveniente estar en un sitio con buena luz, una copa de cristal fino, sin tallar y transparente.

En primer lugar con la copa inclinada advertiremos el aspecto del vino. Si hay partículas flotantes el vino no es óptimo. Giramos la copa suavemente, y nos haremos idea del cuerpo, textura, color y graduación.

Luego hemos de apreciar el aroma, en primer lugar sin mover la copa, aspirando profundamente con la nariz, tratando de reconocer los distintos aromas que percibimos, y en segundo lugar moviendo la copa con movimientos giratorios en el sentido de las agujas del reloj, volvemos a oler los aromas, tratando en ambas situaciones de reconocer a que nos recuerdan esos olores o matices que detectamos.
Los aromas que se aprecien suelen ser semejantes a frutas, madera, piel, etc..

Y por último hacemos la degustación. Tomamos un sorbo generoso y lo dejamos saborear en la boca, paladeándolo e incluso moviendo el vino en la boca. Detectaremos los distintos sabores que ofrece ese vino. Cuando lo hayamos hecho podremos tragarlo.

Todos estos pasos son como un rito, hay que hacerlos despacio, insisto, para que podamos apreciar cada sensación. Os aseguro que cuando os acostumbréis a “catar” los vinos, habréis descubierto un gran placer sensorial.

Os aseguro que una buena comida, con una buena compañía, es uno de los mayores placeres de esta vida. En ello influye el entorno: una mesa bien preparada, una buena comida y otros factores de los que hablaremos en otra ocasión.

Espero que podais disfrutarlo.
Un saludo a todos.

Juanes.

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